El problema con la IA es de destreza, no de potencia
Fuera de escenarios de escala que requieren harnesses o swarms, las capacidades de la IA son bastante amplias. Pueden generar prototipos de videojuegos, animaciones y otros desarrollos en muy poco tiempo.
El problema no necesariamente es de capacidad ni de costo, sino de destreza. Nosotros somos el cuello de botella. Mientras la IA puede procesar y escribir rápidamente, somos nosotros quienes le damos la dirección hacia donde debe apuntar. Por la ambigüedad del contexto, la IA intentará orientarse hacia lo genérico y no necesariamente hacia el caso de uso que estamos buscando. Esto es porque la misma IA se encuentra limitada por el conocimiento del proyecto que tiene como alcance.
La IA es muchas veces una caja negra que puede dar diferentes respuestas ante un mismo problema. Para conseguir lo que uno requiere, no se trata de aprender un skill que en dos meses quedará desfasado porque una nueva versión ya contiene aquella habilidad. Se trata de saber cómo dar instrucciones.
Atrás quedaron los días en los que decíamos: “Eres un desarrollador senior especializado en frontend”. La guía actual de ChatGPT muestra que con cada cambio de modelo también cambia la manera de conversar con él.
Una de las mejores formas de orientarlo es darle las palabras clave necesarias:
Decirle que requieres utilizar Diátaxis como framework de documentación en lugar de simplemente pedir un documento.
Mencionar conceptos como golden path, domain-driven design y otros términos que la literatura especializada ya ha formalizado.
Así, la IA puede entender mejor hacia dónde quieres ir. Cuanto más experto seas en tu campo y puedas hablarle de manera técnica y precisa, mejor podrá relacionar tus instrucciones con los conocimientos que probablemente estás buscando.
También explicarle el porqué le da contexto. Si le dices: “Es necesario para que el desarrollador pueda desplegar la funcionalidad X y ahora tenga la facilidad Y”, puede captar mejor la intención relacionada con DevEx.
La IA tiene grandes capacidades, pero necesita una dirección clara. Las palabras técnicas precisas permiten orientar su comportamiento hacia el resultado deseado. Explicar el porqué también le permite comprender mejor dónde colocar los límites.
Todo esto se logra cuando nosotros entendemos el producto que queremos desarrollar, podemos conceptualizar lo que necesitamos y podemos darle una explicación que le permita generar un mejor resultado.